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Mostrando las entradas etiquetadas como noche

Like ever!

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Tres llamadas a deshora una noche cualquiera. Tres razones para no cogerle el teléfono. La primera: no quiero volver a sentirme como me hizo sentir él. Como si yo fuera una fan y él una estrella. Él siendo mi todo y yo solo una más, un pasatiempo, una opción pero nunca una prioridad. Insuficiente, subordinada, obsesionada. La segunda: cuando me eche de menos, que vaya y abrace a la persona por la que me cambió. Que, por otra parte, se merece mucho más que a alguien como él. Puede que nunca me cayera bien, pero la sororidad perdida la he recuperado para darme cuenta de que ella nunca tuvo la culpa. Y la tercera: porque NI DE COÑA. A mí no me trancas más en una como esa. Yo merezco que me quieran en voz alta, y no a las once de la noche de un miércoles cualquiera. No soy el plan cuando está aburrido o arrepentido.

La primera casa después del bosque

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O la última casa antes del bosque.  Me da por pensar en esa última guarida de luz antes del espesor de los árboles. En ese refugio seguro antes de la oscuridad envolvente. En el silencio a un lado de la pared, mientras que al otro se esconde la vida, cobijada en una chimenea llena de leña seca, con un fuego seguro. El lugar del que huyen los monstruos, y que protege al inocente de lo que la espesura trae consigo.  ¿Qué habrá en esa casa, en esa cabaña con una luz en la ventana? ¿El leñador o la bruja?  ¿Salvación o infierno? ¿Tranquilidad o inquietud? Stephen King nos ha enseñado a temer esa casa que asoma entre los árboles, al borde mismo del camino, donde se puede esconder el cruel demonio o el ángel más inesperado. Y también, ¿qué habrá más allá de esas paredes? ¿Qué habrán visto esos muros? ¿Quién habrá olido el humo de esa chimenea? La próxima vez que cruces un bosque, o incluso una carretera solitaria, fíjate en esa primera casa después del bosque. O en la última an...